Una vez más, Juan Vicente Botella nos deleitó con sus extensos conocimientos sobre la historia valenciana, pero en esta ocasión, desde la perspectiva de la antiquísima cultura del aroma.12823387_972440246139208_4065795424536650320_o

En la antigüedad los aromas se consideraban bienes de prestigio y, desde las fértiles tierras de  Valencia, se exportaban a Roma grandes cantidades que se utilizaban tanto en ritos religiosos como en las termas. Más tarde, los árabes los incorporaron también en la cocina y en los medicamentos, tal y como recogen los libros de texto aljamiados. Tras la Reconquista, esta tradición se mantuvo viva en los jardines de los muchos monasterios que se construyeron en el territorio. Cabe destacar la labor del jardinero francés, J. Robillard, que, no solamente reconstruyó el jardín botánico, sino que, con sus extensas plantaciones de flores cerca del mar, dió nombre a la Malvarrosa y en 1860 construyó una fábrica de esencias que convirtió a Valencia en la ciudad de los perfumes por excelencia, en toda Europa.