Con el nombre de tabaco, que proviene de la Isla Tabago (Tobago en inglés) -al ser en las islas del Caribe donde los españoles observaron por vez primera a los nativos americanos fumando- nos referimos a aquellos productos hechos con la hoja de la planta Nicotiana tabacum que se mascan, se fuman o se inhalan. Como curiosidad diremos que Linneo le dio ese nombre científico en memoria de Jean Nicot, quien la introdujo en Francia en 1560. Este vegetal, originario de América, al igual que la patata y el tomate, con los que está emparentado, se caracteriza por producir una sustancia alcaloide en sus hojas, la nicotina, que le sirve a la planta como potente insecticida.

El tabaco se ha convertido en un tema importante de salud pública porque es el principal factor de riesgo en cáncer de pulmón, en enfermedades crónicas respiratorias y en enfermedades cardiovasculares. Según la OMS hay más de mil millones de fumadores en el mundo, siendo el tabaco la causa de 5,4 millones de muertes cada año.

Por eso la OMS establece cada 31 de mayo como el día mundial sin tabaco, en que se centre la atención sobre este tema. Entre otras cosas, se pretende conseguir una prohibición de toda publicidad, promoción o patrocinio de acontecimientos o actividades deportivas y culturales de productos relacionados con  el tabaco, puesto que se ha comprobado que están en relación directa con el inicio de los jóvenes en el hábito de fumar.

El informe «Los adolescentes españoles y su salud», patrocinado en el año 2005 por la OMS y coordinado en nuestro país por el Ministerio de Sanidad y Consumo y la Universidad de Sevilla sitúa el promedio en la edad de inicio en el consumo de tabaco en los 12 años.

Según el Ministerio de sanidad y consumo, en España fuman a diario 3 de cada 10 personas mayores de 16 años. El porcentaje varía con la edad, siendo los de entre 25 y 44 años los que más fuman y los mayores de 65 años los que menos.

En la actualidad el tabaco no se parece en nada al que fumaban los nativos cuando Colón llegó a América. Las industrias tabacaleras, además del papel, añaden alquitrán y otros aditivos desconocidos en aquel entonces, que convierten al tabaco en un producto muy nocivo.

Un cigarrillo está compuesto de más de 4000 sustancias tóxicas, que proceden del tabaco y de la adulteración que éste sufre en su complejo proceso industrial. Estas sustancias se añaden con diversos motivos, desde potenciar el efecto adictivo de la nicotina, hasta hacer que el cigarrillo no se apague o se consuma más rápidamente. No conocemos exactamente la composición de un cigarrillo, primero porque varía mucho entre marcas y no están obligadas a revelarlo por completo, y segundo, porque en el proceso de combustión se generan nuevas sustancias. Lo que sí sabemos es que entre ellas hay más de 50 sustancias cancerígenas, como el alquitrán, los hidrocarburos aromáticos, el fenol, el benzopireno, el níquel o el arsénico y sustancias tóxicas e irritantes desprendidas por el humo del tabaco, como el monóxido de carbono, el ácido cianhídrico, el acetaldehído o el amoníaco.

La nicotina es una molécula que imita a un neurotrasmisor del cerebro, la acetilcolina, facilitando la liberación de dopamina, sustancia relacionada con las sensaciones de placer. Actúa sobre el sistema nervioso simpático donde estimula la atención y el rendimiento cognitivo, pero también tiene efectos secundarios adversos siendo su consumo adictivo. Desde el 1 de enero de 2004, la Unión Europea ha fijado un límite máximo de 1 mg de nicotina por cigarrillo.

Es interesante destacar que fumar en pipa o fumar puros es menos adictivo que fumar cigarrillos puesto que en el primer caso la nicotina se absorbe por la mucosa oral, más lentamente, mientras que en el segundo caso lo hace por los pulmones, donde llega al cerebro en 7 segundos.

Hasta hace pocos años no se tenía en cuenta los peligros del tabaco para los no fumadores. Hoy en día se sabe que el fumador pasivo está expuesto no sólo al humo residual expulsado por el fumador tras cada calada, sino a la combustión del cigarrillo en el cenicero. De hecho, se ha visto que hay una diferencia entre el humo inhalado por el fumador, que pasa a través de un filtro, y el desprendido por la punta del cigarrillo encendido, que tiene concentraciones mayores de monóxido de carbono y alquitrán, y partículas de menor tamaño, lo que les lleva a introducirse en la nariz y la boca más fácilmente. De ahí que respirar el humo ambiental sea asimismo muy dañino. Se dice que si alguien pasa ocho horas en una habitación donde se fumen tres cigarrillos por hora, al final del día habrá inhalado el humo correspondiente a dos cigarrillos.

Según un estudio publicado hace dos años en la revista European Respiratory Society en 2002 murieron alrededor de 80.000 personas en los 25 países de la Unión Europea por enfermedades relacionadas con el tabaquismo pasivo. Frente a estos hechos la OMS recomienda que todos los lugares públicos sin excepción sean lugares sin humos.

Las sustancias irritantes del humo del tabaco como fenoles, amoníacos o ácido cianhídrico son el principal desencadenante de las enfermedades pulmonares crónicas, como la bronquitis y el enfisema pulmonar, que ahora se engloban bajo el nombre de enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC). Más de 3 millones de personas murieron de EPOC en 2005. Además, la nicotina y el monóxido de carbono provocan la acumulación de grasa en las arterias, siendo la causa principal de las enfermedades coronarias, pudiendo desembocar en infarto o trombosis. Se cree asimismo que el alquitrán es el responsable del 85% de los cánceres a causa del tabaco, que son principalmente de pulmón, laringe y boca. Estos tres grupos de enfermedades, cubiertos ya por la sanidad pública, tienen un coste global al año que supera el 0,50% del PIB, lo que en el año 2003 supuso unos 4.000 millones de euros (665.000 millones de pesetas).

Según el Ministerio de sanidad y consumo, en España cada año mueren más de 50.000 personas debido al consumo de tabaco, más que por los accidentes de tráfico y el consumo de drogas ilegales juntos.

Atrás quedan los días en que fumar era un acontecimiento cotidiano que veíamos en los programas de televisión y en las películas. Sin embargo, la OMS considera que es necesario ir un poco más lejos y conseguir que las marcas de tabaco no puedan anunciarse de ningún modo. Para eso entró en vigor en el 2005 un Convenio marco para el control del tabaco que España, junto con otros países como Alemania, Uruguay, Francia, Reino Unido, Australia, Japón, India, Chile y Canadá, ha ratificado. Esto nos compromete a prohibir la publicidad, la promoción y el patrocinio del consumo de tabaco a corto plazo. Sólo Uruguay cumple, a día de hoy, todos los puntos del convenio.

En este negro horizonte para la salud se vislumbra, no obstante, un poco de esperanza en otras áreas. La nicotina –no el tabaco- podría tener en el futuro una aplicación médica en enfermedades como el parkinson y el alzheimer, donde se ha visto que ayuda a reducir algunos de sus síntomas.

Puesto que el daño que representa el tabaco para la salud sólo se hace evidente a largo plazo, años e incluso décadas después de haber empezado a fumar, la OMS considera que todavía no hemos alcanzado un máximo en el número de enfermedades y muertes que va a provocar.

El requisito más importante y el principal factor de éxito para dejar de fumar es la voluntad de querer dejarlo. Fumar no sólo es una dependencia física sino un hábito de comportamiento, en donde entran motivaciones psicológicas, como la aceptación social, la liberación del estrés o el enmascaramiento de ciertos complejos. 

Estudios científicos revelan que existen diferencias genéticas entre individuos que hacen que la nicotina sea más o menos adictiva, y en consecuencia, más fácil o más difícil el dejarlo. Entre los fármacos para dejar de fumar está el bupropion, análogo de la nicotina, y los parches o chicles de nicotina, que se van administrando en cantidades decrecientes.

Para aquellos que quieran dejar de fumar, diremos que el tabaco bajo en nicotina no es una buena opción, puesto que se tiende inconscientemente a fumar más o a dar caladas más intensas, con lo cual incorporamos en mayor grado todos los productos cancerígenos y tóxicos asociados al humo de los cigarrillos, como son el alquitrán o el monóxido de carbono. Es mejor reducir la cantidad de cigarrillos que fumar el mismo número de cigarrillos light.

 

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